lunes, 28 de agosto de 2023

Morir de a poco

 

Él estuvo allí, donde la humanidad se había negado a florecer, donde el trabajo no brindaba un solo pedazo de pan y la dignidad consistía en mantenerse con vida. Debió hacer un gran esfuerzo para existir y lo hizo, por sí mismo y por su amada, a quien no sabía si volvería a ver, pero tenía la firme convicción de que no debía claudicar. Tal vez, al día siguiente saliera nuevamente el sol.

La esposa lo contempla con ternura, porque conoce ese proceso que tantas veces presenció desde que por fin habían abandonado el infierno de Auschwitz. Su Polonia natal, ahora tan distante, no sería su última morada, pero al menos estarían juntos. Se lleva una mano a la boca, los párpados abrigan dos perlas brillantes. Ella también retrocede en el tiempo y recoge fragmentos de su propio corazón.

Él suele tapar los oídos con las manos, como negándose a recordar, pero le resulta imposible no hacerlo. En los caprichosos circuitos de la mente se mezclan las trágicas imágenes pasadas con apacibles recuerdos de la vida familiar. Día a día resulta más difícil situarse en la temporalidad del presente. La pala se hunde en el suelo húmedo, la hija mayor abanderada en la escuela, las fosas cada vez más grandes, el hijo recibe el diploma, los cuerpos apilados como residuos, nace un nieto en primavera, el humo acre en el aire, el cálido sol del mediodía, la oscura noche de incertidumbre…

Cada vez que sucede, su cuerpo se sacude hacia atrás y hacia adelante en cortos espasmos, las tímidas lágrimas se esconden entre el sudor y se escurren sobre los profundos surcos de la piel. Un pedacito de vida se apaga.


Marcelo Tittaferrante.


Imagen tomada de la red.

jueves, 24 de agosto de 2023

El viaje menos pensado

 Salí tarde de casa. Estaba apurado, por eso cuando la formación del Sarmiento abrió sus puertas en la estación Liniers, no me importó que estuviera repleto de pasajeros. Lunes, hora pico, probablemente el próximo tren estaría igual o peor.

Subí como pude en el tercer vagón y ahí quedé apretujado durante todo el viaje como una hoja en un atado de acelga.

No llegaré a la entrevista, igual ese trabajo no era para mí…

Después de varias horas en la estación de Once, me rescataron. Ahora estoy en la ambulancia del SAME camino al hospital Rivadavia.


Marcelo Tittaferrante.



Imagen tomada de la red.

martes, 17 de mayo de 2022

Ya verás... (Romance óptico)

 

Ya verás, dijo y se fue

y nunca más pude verla

tan veloz fue su partida

que no pude detenerla.

 

Las lágrimas insurgentes,

irrefrenables, tortuosas

dilataban la agonía

que se tornaba monstruosa.

 

La mente distorsionada

en un intrépido anhelo

recorría laberintos

entre noches de desvelo.

 

Yo, que le había brindado

en mi mano, el corazón

tuve que aceptar el hecho

con amarga desazón.

 

Mas no pude resistirme

ante tal encrucijada

a continuar mi existencia

aun sin tener a mi amada.

 

Ya verás, me dijo un día

y nunca más pude verla

aunque la tuviere cerca

no podré reconocerla.

 

Ha pasado mucho tiempo

veo todo muy difuso

el recuerdo es manantial

de sentimientos profusos.

 

Después de haberme ofuscado

disipados los enojos

hoy recibí la encomienda

me devolvió los anteojos.

 

Marcelo Tittaferrante.


Imagen tomada de la red.

lunes, 16 de mayo de 2022

El portal de Villa Irene (Écfrasis)

 

    Me sentaba en el umbral junto a Pepe y Cecilia. Inventábamos historias de mundos imposibles, amores eternos o noches tenebrosas.

    Recuerdo la pelota de goma salpicando en el charco que se formaba en la vereda, la ilusión del primer beso en el oscuro pasaje, el estreno del pantalón largo, la carta de amor, el corazón roto, el casamiento de Pepe con Ceci, el abandono de mi padre, la agonía de mi madre hasta la muerte, el precario empleo en la farmacia, la graduación tardía.

    Las noches se hacían cada vez más largas, más solitarias. Nada quedaba que me retuviera en la antigua casa, que me invitara a disfrutar o simplemente me brindara un poco de felicidad.

    No quise dejar los fantasmas encerrados, por eso cuando me fui no me atreví a cerrar la reja.


Marcelo Tittaferrante.


Imagen tomada de la red.